DE IATROGENIAS Y ASUNTOS VARIOS

Por la necesidad de plasmar fluctuaciones mentales y emocionales...

martes, 30 de marzo de 2010

Bodas

No sé qué le pasa a ésta gente. Hace menos de una hora recibí una llamada telefónica con la noticia de que una de mis amigas está comprometida y quiere contraer nupcias en diciembre. Francamente debo decir que mi amiga me tomó por sorpresa y quedé pasmada por algunos minutos.

Ella:  ¿¡Adivina qué!?
Yo:   ¿Qué?
Ella: ¡Voy a casarme!
Yo:  Ja ja. Claro... ¿Es en serio lo de tu boda?
Ella: ¡Sí, es en serio!
Yo:  ¿Qué te hicieron? ¡Dime la verdad! Creí que sólo estabas bromeando...
Ella:  Es la verdad.  Me dieron agua de calzón, vieja... ¡No sé! Pero estoy hablando en serio, me voy a casar.
Yo:   ¡¿¡QUÉ!?!   ...


No podía salir de mi estupor. ¿Qué le pasa a mi amiga? ¿Es que ella se ha vuelto loca? Algún cabroncito le propone matrimonio a los 4 meses de noviazgo y aunque ella no sabe si está enamorada de él, ha aceptado la propuesta.

Ella:  Lo quiero mucho, pero a veces pienso que él intenta someterme. Y creo que parte de ese sometimiento es la propuesta que él me hizo.

¿Está bien eso? Me pregunto. Yo creo que no es la mejor decisión, al menos no por ahora. Y déjenme decirles que no hablo nomás porque sí. Digo lo que digo porque yo recibí la misma propuesta luego de 3 meses de feliz noviazgo unos 4 años atrás. Y la verdad que es una reverenda estupidez.

Lo más gracioso es que mi amiga quiere que yo sea madrina en su boda. ¿Madrina yo? ¡Está pero si bien pirada!

Como decimos aquí en México "¿Pa' qué meterse en camisa de once varas?" Si algo he aprendido es que nada dura para siempre. Es como una pequeña cantidad de alguna sustancia en agua: se disuelve. Todo se disuelve. La confianza se disuelve, el amor se disuelve, las relaciones en general también se disuelven... y se van... se van al diablo... Por lo tanto, el matrimonio también se disuelve.

Tiene tiempo que vengo observando a mis amigos y compañeros, y me pregunto si es que está de moda comprometerse (con alguien que prácticamente aún es un desconocido), llegar a casarse y tener hijos tan pronto. Y ya luego de un tiempo, se divorcian y se la pasan peleando por la patria potestad de los niños.

Al conversar con mis amigos en algún bar, comienzan ellos a hablarme de lo maravillosa que fue la boda y lo amarga que es la realidad. Yo permanezco boquiabierta mientras escucho atenta todas esas cosas que mis cuates me dicen. Me cuentan que tienen que comprar pañales, ropita para bebé, luego comprarán crayolas, lápices de colores y montones de juguetes. Es entonces, cuando doy un trago a mi bebida y fumo más.

La cosa se pone aún más interesante cuando todos confluyen en el punto de: "¿Sabes qué? Tengo que admitirlo, yo la cagué. No debí haber hecho esto, no debí haber hecho aquello".

Somos humanos y nos equivocamos. Nos enamoramos. (Lo cual NO significa que conocemos a la otra persona en realidad). Nuestras esperanzas y sueños vuelan. Después caemos... caemos desde muy alto. O en el peor de los casos, nos dejan caer. También podemos ser nosotros quienes dejamos caer a alguien.

Tal vez soy ignorante y desconozco si el jugar con los sentimientos de la gente es un nuevo deporte extremo. Quizá "Te amo" es el nombre de un pasatiempo, o de un juego muy popular que se juega a nivel mundial (incluso más popular que el fútbol o el rugby).

Simplemente el amor no debería ser tomado a la ligera. Deberían darnos cadena perpetua como castigo por usar al "amor" como diversión enfermiza, que alimenta egos.

De manera que, ¿por qué no evitarnos todo ese proceso amargo? ¿Por qué nos dejamos cegar por gente falaz? ¿Por qué entablar una "relación" basada en la nada?

Así que, no sé ustedes, pero yo doy dos pasos atrás, me mantengo a raya y me abstengo...

martes, 9 de marzo de 2010

Para: Los adultos contemporáneos pseudo-intelecto-neuro-hipocondríacos

Dicen que todos los días tenemos que comer una manzana, para el hierro y un plátano, por el potasio. También una naranja, para la vitamina C, medio melón para mejorar la digestión y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes.


Todos los días hay que beber dos litros de agua (sí, y luego orinarlos, cosa que lleva casi el doble del tiempo que llevó beberlos). Todos los días hay que tomar un yogur para tener "L. Cassei Defensis", que nadie sabe qué mierda es. Pero dicen que si no te tomas un millón y medio de esos todos los días, tu vista se torna borrosa.

Cada día una aspirina, para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto, para lo mismo. Y otro vaso de vino blanco, para el sistema nervioso. Y uno de cerveza, para la vitamina B. Si te lo tomas todo junto, quizá consigas un derrame cerebral ahí mismo, pero no te preocupes, probablemente no te darás cuenta.

Todos los días hay que comer fibra. Mucha, muchísima fibra, hasta que logres defecar un suéter. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, sin olvidarte de masticar cien veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, pasamos como cinco horas comiendo.

Ah, después de cada comida debemos lavarnos los dientes, o sea: después del yogur con la fibra, los dientes; después de comer manzana, los dientes; después del plátano, los dientes... Y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental, masajeador de encías, hacer gárgaras...

Mejor amplía tu baño y mete el equipo de música, porque entre el agua, la fibra y los dientes, te vas a pasar varias horas por día ahí dentro del baño.

Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, veintiuno. Aún te quedan tres horas, siempre que no salga algún imprevisto. Según las estadísticas, vemos televisón tres horas diarias. Bueno, olvídate de ver televisión, porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora.

Y hay que cuidar las amistades porque son como una planta: hay que regarlas a diario. Además, tenemos que estar bien informados, así que hay que leer por lo menos dos diarios y algún artículo de revista, para contrastar la información. ¡Ah! Hay que tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo, renovar la seducción. Eso lleva su tiempo. ¡Y ni qué decir si es sexo tántrico! (Al respecto te recuerdo: después de cada comida hay que cepillarse los dientes).

También hay que hacer tiempo para barrer, lavar la ropa, los platos, pasear al perro... ¿Hijos? ¡Ni pensarlo!

En fin, el cálculo me da 29 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias de éstas cosas a la vez, por ejemplo: Dúchate con agua fría y mantén la boca abierta, así, te tragas los 2 litros de agua.

Mientras vas saliendo del baño con el cepillo de dientes en la boca, haz el amor (tántrico) a tu pareja, quien mira la TV y te cuenta las noticias, mientras tú barres. ¿Tienes una mano libre? ¡Llama a tu familia! Tómate el vino (después de llamarlos, te hará falta el vino, créeme). El yogur con la manzana te lo puede dar de comer tu pareja, mientras se come el plátano, y al día siguiente intercambian. Y menos mal que crecimos, porque si no, nos tendríamos que clavar un Danonino Extra Calcio todos los días.

Uuufff... Pero si aún tienes 2 minutos libres, manda mensajes a tus amigos (que hay que regar como las plantas) mientras tomas una cucharadita de fibra, que hace muy bien...

Y ahora los dejo, porque entre el yogur, el medio melón, la cerveza, el primer litro de agua y lo demás, ya no sé qué estoy haciendo. Creo que necesito tomar una ducha urgente... Y a propósito que voy por ahí, también voy a cepillarme los dientes.

viernes, 5 de marzo de 2010

Un trozo de la vida real

- ¿Y ahora tú, por qué chingados has estado tan feliz? ¿Qué te pasa?

Miré fijamente a Paulina, que es la más curiosa de mis 4 amigas. Encendí mi cigarro, sonreí y le dije:
- No, por nada. Estoy contenta sólo porque sí.

Esther me dió una palmada en la espalda y exclamó:
- No chingues, la gente NO puede estar feliz sin un motivo en particular.
- Sí, ya sé... Oigan, niñas, tengo hambre.

Lucy e Isabel intercambiaron miradas y empezaron a reirse.

De repente, Paulina dijo:
- ¡No seas cabrona! Cuéntanos... A ver, ¿qué tanto haces en la computadora que no puedes quitar la mirada de ahí? ¿Con quién chateas? ¡Weeeeeeeey! ¡No mames! ¿Ya tienes novio? ¿Por qué no nos dijiste?

El resto de las chavas se me quedó mirando sorprendidas.
- ¿Qué? ¿De qué carajos estás hablando, Paulina? ¿Cuál novio? Chicas, ustedes saben que yo no me ando con chingaderas. Un novio... sí, cómo no... ¿Estudiaron para la clase de neurología?


Si me pidiesen describirlo, yo diría que él no es ese vano prototipo de hombre que protagoniza las tele-novelas. No es como la inmensa mayoria de los "hombres" de hoy día: hombres musculosos, quienes tienen un minúsculo cerebro que se ve superado por el tamaño de sus ineptitudes y su inmensa estupidez. Me atrevo a decir que éste hombre de quien hablo no es aficionado a ejercitar sus brazos, sino su intelecto. No es el tipo de "hombre" que tiene complejos sobre su apariencia. Más bien le preocupa satisfacer su hambre de superación personal. El tono de piel bronceado no es necesario en él, su palidez mezclada con su sentido de la responsabilidad son suficientes para colorear su aura.

No es el típico tipejo que permanece sentado esperando que la vida le dé todo en bandeja de plata. A éste hombre le apasiona lo difícil, él se empeña en conseguir las cosas que a otros "hombres" les dió miedo o flojera alcanzar.

Él no necesita hacerse el bromista. Él no trata de impresionar, ni necesita farolear sobre el automóvil último modelo que piensa adquirir. Suficiente con saber que este hombre tiene valores firmes y también tiene alma clara, tan clara como sus ojos.


Cuando regresé a casa, me desplomé en mi cama boca abajo y pensé: "¿Cuál novio? Yo no me ando con chingaderas. Un novio... sí, seguro..."

Así que me paré de la cama y me puse a estudiar para mi clase de neurología.