DE IATROGENIAS Y ASUNTOS VARIOS

Por la necesidad de plasmar fluctuaciones mentales y emocionales...

viernes, 5 de marzo de 2010

Un trozo de la vida real

- ¿Y ahora tú, por qué chingados has estado tan feliz? ¿Qué te pasa?

Miré fijamente a Paulina, que es la más curiosa de mis 4 amigas. Encendí mi cigarro, sonreí y le dije:
- No, por nada. Estoy contenta sólo porque sí.

Esther me dió una palmada en la espalda y exclamó:
- No chingues, la gente NO puede estar feliz sin un motivo en particular.
- Sí, ya sé... Oigan, niñas, tengo hambre.

Lucy e Isabel intercambiaron miradas y empezaron a reirse.

De repente, Paulina dijo:
- ¡No seas cabrona! Cuéntanos... A ver, ¿qué tanto haces en la computadora que no puedes quitar la mirada de ahí? ¿Con quién chateas? ¡Weeeeeeeey! ¡No mames! ¿Ya tienes novio? ¿Por qué no nos dijiste?

El resto de las chavas se me quedó mirando sorprendidas.
- ¿Qué? ¿De qué carajos estás hablando, Paulina? ¿Cuál novio? Chicas, ustedes saben que yo no me ando con chingaderas. Un novio... sí, cómo no... ¿Estudiaron para la clase de neurología?


Si me pidiesen describirlo, yo diría que él no es ese vano prototipo de hombre que protagoniza las tele-novelas. No es como la inmensa mayoria de los "hombres" de hoy día: hombres musculosos, quienes tienen un minúsculo cerebro que se ve superado por el tamaño de sus ineptitudes y su inmensa estupidez. Me atrevo a decir que éste hombre de quien hablo no es aficionado a ejercitar sus brazos, sino su intelecto. No es el tipo de "hombre" que tiene complejos sobre su apariencia. Más bien le preocupa satisfacer su hambre de superación personal. El tono de piel bronceado no es necesario en él, su palidez mezclada con su sentido de la responsabilidad son suficientes para colorear su aura.

No es el típico tipejo que permanece sentado esperando que la vida le dé todo en bandeja de plata. A éste hombre le apasiona lo difícil, él se empeña en conseguir las cosas que a otros "hombres" les dió miedo o flojera alcanzar.

Él no necesita hacerse el bromista. Él no trata de impresionar, ni necesita farolear sobre el automóvil último modelo que piensa adquirir. Suficiente con saber que este hombre tiene valores firmes y también tiene alma clara, tan clara como sus ojos.


Cuando regresé a casa, me desplomé en mi cama boca abajo y pensé: "¿Cuál novio? Yo no me ando con chingaderas. Un novio... sí, seguro..."

Así que me paré de la cama y me puse a estudiar para mi clase de neurología.

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